Hoy cuando me disponía a llegar a la universidad , encontré a dos ancianos en la calle , no me sorprendí al solo verlos , porque podríamos decir que ancianos hay muchos , me sorprendía las condiciones vitales que tenían , se asomaban a un hospital del que desconozco el nombre y pedían ayuda , porque de cierta manera , no tenían servicio de salud y uno de ellos se encontraba en condiciones de salud poco favorables , al ver su desesperación decidí hacer algo que es tan pequeño e insignificante , pero al igual es indispensable y vital , para resguardar a los ancianos de una comunidad , que se deja guiar del consumismo y no les brinda una vivienda a los ancianos que son los que construyeron nuestra sociedad.
En Colombia, el ochenta por ciento de los ancianos según el DANE no reciben pensión, ni pertenecen al sistema de salud, pues bancos no los tienen en cuenta, puesto que ellos son más vulnerables a cualquier accidente y están más propensos a morir por alguna enfermedad que el resto de las personas, incluso en las funerarias hay un límite de edad que está entre los sesenta y setenta y cinco años.
Gran parte de la población colombiana está compuesta por la tercera edad, sector que anda un poco descuidado por el gobierno. En este mundo donde todos los bienes y servicios están representados en dinero o en términos de ganancia, los ancianos buscan diferentes maneras para sobrevivir, como es el caso de doña Olga, una anciana de 72 años que aún vende sus tamales por mi barrio los domingos para comprar sus utensilios de la semana, que solamente le alcanza para pagar los servicios que mes a mes llegan a su casa.
En los estratos bajos la actividad más común por parte de la tercera edad, es recurrir a la mendicidad, pues la familia regularmente los tiene como un obstáculo, pues que no generan ningún ingreso económico al hogar y solo representan gastos: la sociedad los excluye de toda posibilidad de trabajo y por ende no tienen manera de obtener dinero ni cuidados especiales.
No obstante, en países desarrollados se les aprovecha por su experiencia y conocimiento, dándole la dirección y manejo de los Estados como también de las grandes y pequeñas empresas. Pero en países en vía de desarrollo como es el caso de Colombia, son vistos como una suma al gasto público, pues la salud y la protección social de ellos jamás serán parte del presupuesto nacional, y menos en un gobierno como el actual.
Según las proyecciones del DANE, para el año 2010 los ancianos constituirán el 8,7 por ciento de la población total y para el 2025 será del 18,5 por ciento. Proyecciones que le han servido al Ministerio de Protección social para crear la ley 1276 de 2009, donde se afirma que el adulto mayor "es aquella persona que tiene más de sesenta años y que mediante centros de vida tiene derecho a unos servicios gratuitos para la población de Niveles uno y dos del SISBEN, como son la orientación psicológica, atención primaria en salud y aseguramiento en salud..." Esto con la evaluación previa de un profesional de Trabajo Social, como lo dice ley. Pero a la hora de la verdad, pocas serán los adultos mayores que accederán a estos servicios de primerísimo nivel.
En Colombia, el ochenta por ciento de los ancianos según el DANE no reciben pensión, ni pertenecen al sistema de salud, pues bancos no los tienen en cuenta, puesto que ellos son más vulnerables a cualquier accidente y están más propensos a morir por alguna enfermedad que el resto de las personas, incluso en las funerarias hay un límite de edad que está entre los sesenta y setenta y cinco años.
Gran parte de la población colombiana está compuesta por la tercera edad, sector que anda un poco descuidado por el gobierno. En este mundo donde todos los bienes y servicios están representados en dinero o en términos de ganancia, los ancianos buscan diferentes maneras para sobrevivir, como es el caso de doña Olga, una anciana de 72 años que aún vende sus tamales por mi barrio los domingos para comprar sus utensilios de la semana, que solamente le alcanza para pagar los servicios que mes a mes llegan a su casa.
En los estratos bajos la actividad más común por parte de la tercera edad, es recurrir a la mendicidad, pues la familia regularmente los tiene como un obstáculo, pues que no generan ningún ingreso económico al hogar y solo representan gastos: la sociedad los excluye de toda posibilidad de trabajo y por ende no tienen manera de obtener dinero ni cuidados especiales.
No obstante, en países desarrollados se les aprovecha por su experiencia y conocimiento, dándole la dirección y manejo de los Estados como también de las grandes y pequeñas empresas. Pero en países en vía de desarrollo como es el caso de Colombia, son vistos como una suma al gasto público, pues la salud y la protección social de ellos jamás serán parte del presupuesto nacional, y menos en un gobierno como el actual.
Según las proyecciones del DANE, para el año 2010 los ancianos constituirán el 8,7 por ciento de la población total y para el 2025 será del 18,5 por ciento. Proyecciones que le han servido al Ministerio de Protección social para crear la ley 1276 de 2009, donde se afirma que el adulto mayor "es aquella persona que tiene más de sesenta años y que mediante centros de vida tiene derecho a unos servicios gratuitos para la población de Niveles uno y dos del SISBEN, como son la orientación psicológica, atención primaria en salud y aseguramiento en salud..." Esto con la evaluación previa de un profesional de Trabajo Social, como lo dice ley. Pero a la hora de la verdad, pocas serán los adultos mayores que accederán a estos servicios de primerísimo nivel.
Los ancianos, son personas que después de vivir cierto número de décadas merecen un descanso y una protección integra, ya sea por parte de su familia o por parte del Estado. Pues ellos mientras fueron PEA (población económicamente activa) representaron una fuente de ingreso para sus hogares y contribuyeron al crecimiento del país, asunto que se deja en el baúl del olvido. Es por esto que cuando les llega su hora de descansar, debería estar en todo su derecho de ser protegidos por el gobierno de turno, ojalá ese día no esté lejano en el tiempo. La transformación deberá ponerse en marcha, y los adultos mayores, cabrán en ella.
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